DÍA 1 - sábado 20
Me llamo Mencilla y soy una pequeña mariposa que vive en el bosque que hay frente al albergue Valle del Sol, en Pineda de la Sierra.
Hoy he pasado el día revoloteando junto a los niños y niñas del Campamento del Sanfer. Los he acompañado en sus primeras aventuras, he escuchado sus risas y he visto cómo comenzaba una semana que promete estar llena de momentos inolvidables.
Pero todavía no puedo contaros nada.
La noche aún no ha terminado y, cuando finalice la velada nocturna, me sentaré en mi rincón mágico del bosque para ordenar todos los recuerdos del día y escribir la primera de las historias que compartiré con vosotros.
Mientras tanto, os dejo el enlace al álbum de fotografías para que podáis asomaros un poquito a esta gran aventura.
Nos vemos esta noche.
Mencilla
La nueva mascota del Campa.
DÍA 2 - domingo 21
Dicen los árboles del Valle del Sol que ninguna aventura se pierde si una mariposa la recuerda. Por eso, cuando la luna ilumina el bosque, cierro los ojos un instante y dejo que los recuerdos vuelen hasta vosotros.
Esta mañana revoloteaba por los pasillos del albergue cuando comenzaron a abrirse las puertas de las habitaciones. Poco a poco fueron apareciendo los niños, todavía con el sueño en los ojos, pero con una sonrisa enorme. Había algo diferente en el ambiente.
Todos vestían una camiseta roja de la selección española.
Parecía que el bosque también se había teñido de rojo y que hasta los pajarillos cantaban un poco más fuerte, porque esa tarde jugaba España y la emoción se respiraba en cada rincón del campamento.
Después de un buen desayuno comenzó la aventura de la mañana. Los exploradores se dividieron en dos grupos. Unos emprendieron el camino hacia el viejo Tejo, un árbol sabio que lleva muchísimos años vigilando estas montañas, mientras los demás disfrutaban de juegos y de un divertido rocódromo hinchable, donde demostraron su equilibrio, su fuerza y, sobre todo, sus ganas de superarse.
A media mañana hicieron una parada para comer fruta y recuperar energías. Después llegó el intercambio, los que habían visitado el Tejo se lanzaron a los juegos y al rocódromo, y los que habían estado escalando salieron a descubrir los secretos del bosque.
Cuando llegó la hora de comer, el sol brillaba con tanta fuerza que parecía querer abrazar todo el valle. Hacía muchísimo calor, así que el equipo de cocina preparó una fresca ensaladilla rusa y unas deliciosas albóndigas que desaparecieron de los platos casi por arte de magia.
Después llegó un rato tranquilo. Algunos paseaban, otros charlaban con sus nuevos amigos y otros simplemente disfrutaban de la sombra mientras contaban historias.
Más tarde tocó recoger las habitaciones y os puedo asegurar una cosa, cualquiera que hubiera entrado en ellas habría pensado que allí vivían auténticos guardianes del orden. Todo estaba perfectamente colocado.
Pero el calor seguía acompañándonos y los monitores tenían preparada una sorpresa.
Comenzó un gran juego de agua. Salpicaduras, carreras, cubos que iban de un lado a otro y muchísimas risas consiguieron refrescar una tarde que parecía derretirse bajo el sol.
Una vez secos y cambiados, todos volvieron a ponerse la camiseta roja. Había llegado el momento de animar a la selección española.
Cada gol se celebraba con un salto, un abrazo o un grito de alegría y, cuando el árbitro señaló el final, el marcador mostraba un fantástico 4-0. La felicidad llenó el albergue y hasta los árboles parecían aplaudir moviendo sus ramas.
Después llegó la cena, una reconfortante sopa, pizza y barritas de pescado que devolvieron las fuerzas a nuestros aventureros para afrontar la última misión del día.
Y entonces comenzó el momento más esperado.
Bajo un cielo lleno de estrellas, en la ladera de la estación de esquí, empezó el juego de Ovejas y Corderos. Desde el aire parecía una auténtica historia de fantasía, linternas moviéndose entre la oscuridad, equipos organizando estrategias, carreras cuesta arriba, risas que se escapaban entre los árboles y un montón de niños ayudándose unos a otros para conseguir su objetivo.
No hubo vencedores ni vencidos, porque la verdadera victoria fue compartir una noche llena de compañerismo, diversión y esa magia que solo existe en los campamentos.
Ahora el albergue descansa. La luna vigila las ventanas, el viento mece las copas de los pinos y los niños sueñan con todo lo que han vivido hoy.
Yo también cierro mis alas sobre una flor del bosque, porque sé que mañana me espera una nueva aventura que merecerá ser contada.
Hasta mañana.
Mencilla
La mariposa que recoge risas para convertirlas en recuerdos.